Temporada 2 · Capítulo 6 · 43:37
Lluvia de truenos
Después de sobrevivir a una violación, a un secuestro, al asesinato de su padre, a una persecución con tiroteos, explosiones y toparse con un convoy de decenas de coches que les encierran el paso, Maeva junto a Sebastián, Novoa, Aisha y Aragonés se enfrentan a la última oportunidad de salir vivos del infierno.
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Sinopsis
Contiene detalles de la trama de este capítulo.
Después de sobrevivir a una violación, a un secuestro, al asesinato de su padre, a una persecución con tiroteos, explosiones y toparse con un convoy de decenas de coches que les encierran el paso, Maeva junto a Sebastián, Novoa, Aisha y Aragonés se enfrentan a la última oportunidad de salir vivos del infierno.
El último capítulo reúne a los personajes ante una oportunidad definitiva de escapar. Maeva llega a este punto después de una sucesión de agresiones, pérdidas y amenazas que han transformado por completo el viaje iniciado con Nasser. Ahora comparte el peligro con Sebastián, Novoa, Aisha y Aragonés, mientras un convoy les bloquea el paso. El desenlace concentra la tensión en la posibilidad de salir con vida y en el límite de las alternativas disponibles. La ficción sonora cierra su recorrido manteniendo a la periodista como eje de la experiencia, después de una historia que ha pasado del amor al cautiverio y de la incertidumbre al intento de rescate. El título acompaña la intensidad de un final donde la supervivencia del grupo se convierte en la última pregunta.
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Transcripción parcial
Fragmento de la transcripción automática publicada en iVoox. Puede contener errores; no sustituye al guion original.
Leer la transcripción disponible en iVoox ↗¿No será que la Morita nos ha traicionado y nos acaba de poner en bandeja el puto terrorista este de los huevos? ¿No será que nos has traído a todos a la puta boca del lobo? Claro, por eso no me dejaste conducir.
¡Baja el arma, maldito gilipollas! Hubiera sido fácil para Isa matarnos a todos cuando nos encontró en el helicóptero estrellado.
Podría haber venido acompañada y nos habían cubierto de plomo en cinco segundos.
La Morita, como tú la llamas, se está jugando la vida por salvaros y para volver a París.
Vas a conseguir que nos maten a todos.
Te voy a decir una cosa.
Llevas razón, ciega reportera. Llevas razón.
Me cago en la Morita y me cago en mi puta vida.
Espero no equivocarme.
Por una vez has pensado con la cabeza.
Ahora vamos a salir despacio para que tengas tiempo de decirle a la Fuerza Aérea cuáles son las coordenadas de dónde está el enemigo.
Escuché el ruido de un sistema operativo arrancando.
Imaginé que era el ordenador que Novoa iba a utilizar para activar el apoyo aéreo.
Abrí la puerta y sentí en mi cara el aire pesado del desierto.
Comencé a mover mi cintura poco a poco para orientar mis piernas antes de posar mis pies sobre la tierra.
Me dolía todo. Me dolía absolutamente todo.
Sharif se dirigió en árabe a los terroristas que iban con él.
Probablemente les pedía que se prepararan para disparar.
Bajé primero la pierna izquierda.
Volví a sentir el calor de la tierra de Afganistán en la planta de mi pie.
Llevaba descalza desde que Sebastián me rescató del río y ya no era consciente.
Después bajé el pie derecho.
Pesado. Casi sin poder controlarlo.
Alcé los brazos mostrando mis manos y me separé del coche.
Un metro aproximadamente para que Sharif me viera desde la distancia.
También escuché a Sebastián y a Aisha bajar del vehículo.
Despacio.
A fin de muestra.
Sharif, tenemos un hombre caído dentro del Hummer.
Me da igual. También pediremos recompensa por él.
Quiero que salga el otro que todavía no está muerto y también quiero ver el cuerpo.
Vamos Nubua, vamos.
Necesitábamos un milagro.
Se congeló el tiempo.
Se congeló mi existencia.
Se congeló el universo.
He oído un estruendo tan fuerte en mi vida.
Sentí como si decenas de meteoritos cayeran directamente desde el espacio a escasos metros.
Delante de nosotros.
Se movía el suelo como si hubiera un terremoto.
Y escuchaba a algunos camellos correr desfavoridos en todas las direcciones.
Sentí mucho calor en mi cara.
Como si delante de mí hubiera un fuego inmenso.
No sabía si acababa de entrar de cabeza en el infierno.
Diferenciaba el sonido de chatarra al retorcerse.
Y sentía como se levantó una gran polvareda delante de mí.
Casi como si hubiera una tormenta de arena que se vencía sobre nosotros.
Alguien me cogió de la cintura y me tiró al suelo.
Inmediatamente después, una gran onda expansiva me pasó por encima.
Era una sensación similar a cuando una ola de un mar embravecido rompe encima de ti y te empuja hacia atrás como si fueras un muñeco inerte.
Después de la inmensa polvareda, que incluso podía masticar, sentí una fuerte lluvia de piedras que me agañaba todo el cuerpo.
Me quedé tumbada, quieta.
Sin aliento.
Sin mover un solo dedo.
La persona que me tiró al suelo seguía encima de mí.
Fue como si hubiera caído la lluvia del juicio final justo delante de nosotros.
Seré tus ojos.
La historia de la periodista invidente que arriesgó su vida por amor.
Episodio final.
Lluvia de truenos.
Apaga la luz y enciende tus sentidos.
Créditos de la serie
- Guion y dirección
- Alejandro Paniagua
- Producción ejecutiva
- Charlie Arnaiz y Alberto Ortega
- Productora
- Dadá Films & Entertainment
- Voces del reparto principal
- Candela Villarejo (Maeva Nazari), Claudio Serrano y María Pérez
Créditos generales de Seré tus ojos. Consulta el reparto y las participaciones especiales de la producción.
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